
Nos cuesta cerrar.
Sabemos que esto es interminable. Pero sabemos, también, que siempre hubo un hito claro adelante: el Villarrica, Rukapillán en mapudungún.
Ese hito Mauro ya lo alcanzó. Entonces hay algo que ya se ha acabado.
A mí ese final me pilló por sorpresa.
Han pasado cinco meses desde el día en que él “hizo cumbre”, como se dice; cinco meses pensando y olvidando a Mauro rodeado de humo en el borde del cráter de un volcán activo.
En el transcurso de esos cinco meses exactos, cumplí 49, y Mauro, 40. Pero ahora, cuando escribo, no sé qué edad tenemos (es un decir). Sí sé que la imagen de Mauro inhalando los gases volcánicos del Rukapillán no me gusta. Y que el peligro de ese paseo todavía vibra, como si yo tuviera 15 y él 6.
Sí me gustan la pintura que hizo allá arriba y la foto que me mostró. ¿De dónde vienen esos colores? ¿Acaso hay hielo dentro del cráter?
La pintura, me escribió Mauro ese día, “quedó loca”. Y él mismo, me dijo, quedó atontado por el humo. Estuvo casi 3 horas pintando, muy absorto en el trabajo, me contó después. “Lo único que me distrajo y me hizo recordar dónde estaba”, me dijo, “fue el estruendo y la imagen de unos desprendimientos al interior del cráter, que levantaban polvo de cenizas y me hicieron pensar que el suelo que pisaba podía desmoronarse”.
Llevaba mascarilla y estaba con la Paz. Se cuidaron mutuamente, supongo. Espero.
Bajaron, como es la costumbre, por un tobogán. Apenas terminaron el primer tramo, miraron hacia arriba y vieron cómo el volcán escupía una fumarola tremenda.
Han pasado 5 meses exactos, porque subieron el 11 de enero. Antes de eso no había una fecha clara porque querían subir sin guía (querían marcar la diferencia con los turistas y manejar los tiempos), pero las agencias tienen su negocio e intentan que nadie suba por su cuenta.
Fue en esa incertidumbre que me dejé estar. Hasta que un día, de sorpresa, entró el mensaje: “Conseguí el permiso y fui con la Paz finalmente. Hoy”.
Mauro no lo sabe, pero mi hija, que tiene casi 5, se pasó las primeras semanas de marzo mirando los cerros que rodean Santiago y preguntándome si el Manquehue, el Carbón, el Provincia o el Plomo eran volcanes.
